No he visto a Juan escribir en ningún momento y sé que lo intenta. Lo sé por la manera en la que coge esos cuadernos, lo sé por los borradores que, hechos una pelota, encuentro cada mañana al abrir. No pueden ser de otra persona, es su letra. Lo es y no lo es, porque se ve distinta, más suelta, maleducada, no es la letra de las comandas.
Le he sorprendido incluso dejando un café a medias, un cigarrillo, para, con el pretexto de ir a la cámara, releer algo en los muchos cuadernos que tan afanosamente guarda y de los que no ha escrito una línea. Es una suerte de mirón.
No digo que le conozca, suele resultarme hermético. Lleva consigo constantemente la sensación de callarse algo. Su aflicción, creo, tiene que ver con sus intentos por escribir.
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